lunes, octubre 26, 2009

Crónica de Marruecos '09 - Parte 1

Siempre decimos que el viaje comienza en el momento en que empiezas a planearlo. Compras el primer mapa, lo despliegas y empiezas a trazar rutas con la vista buscando las carreteras más enrevesadas, esos cañones espectaculares, esas pistas de trazado incierto. Te preguntas cómo será ese paisaje, qué gentes conocerás, qué experiencias vivirás, qué aventurillas correrás. Y normalmente cuando regresas del viaje das por finalizada una etapa, rememoras y almacenas todas y cada una de las vivencias en tu memoria y tardas minutos en marcarte otro objetivo, lejos del anterior. Esta vez pasó algo distinto. Allí estábamos a medio viaje, sentados al borde de una enorme duna en Erg-Chebbi, contemplando extasiados el amanecer sobre el desierto en el más reverente y penetrante de los silencios. Y ya en ese momento tuve la absoluta certeza de que, tarde o temprano, regresaría a Marruecos. Esta es la breve crónica de nuestra primera visita al país de los Bereberes.

Día 1 - Tránsito
01/10/2009

Los que vivimos en una isla tenemos que aguantar ese primer día "tonto" que ni es viaje ni es ná, aunque sirve para alargar un poquito más la emoción. Embarcamos en el puerto de Palma a las 8 con destino Denia, y llegamos sobre las 14 horas.

Toni Ponce meditando durante la travesía hacia Denia

Cogemos la A7 y tira millas hacia abajo. Dejamos atrás las diversas abominaciones urbanísticas en la costa levantina, los interminables invernaderos de El Ejido y llegamos a Almuñécar, donde teníamos la única reserva de hotel del viaje. Nos pega la tontería y empezamos a cantar "Almuñécar de Famosa se dirigen al portal...". La dichosa cancioncita nos acompañará durante todo el viaje.


Hotel standard, cena en pizzeria standard... nada destacable. Bueno, sí. El camarero de la pizzeria intenta ser simpático. Nos cuenta que su novia tiene un cuac (sic) y nos advierte que en Marruecos nos van a arrancar la piel a tiras, moriremos envenenados por la comida, nos meterán droga por las orejas y nos la sacarán por el ojete... como mínimo. A pesar de todo le damos mucha envidia. En fin: nos dio bastante material para reir unos días.

Día 2 - Pisamos África
02/10/2009

Nos levantamos tempranito a fin de estar en Algeciras y pillar el primer Ferry disponible. Llegamos a tiempo de pillar el de las 10:30. Durante la travesía aprovechamos para rellenar el papeleo de la aduana.

  

Nada más pisar Ceuta nos dirigimos a repostar (para ahorrar unos eurillos aprovechando el precio más bajo del combustible), y hacia la frontera. El paso fue más o menos fluído aprovechando los servicios de un "ayudante" (y eso que estábamos sobre aviso) y en una media horita ya habíamos pasado al otro lado. Aparte de la propina del "ayudante", un funcionario que pululaba por ahí nos pidió dinero abiertamente sin ningún tipo de pudor por haber agilizado los trámites. En plazas peores hemos toreado, o sea que ahí se quedó pidiendo. Está visto que la fauna de los puestos fronterizos es igual en todos los países.

Después de cambiar moneda en Tetuán empezamos ruta hacia el que sería nuestro primer objetivo: Sefrou. Ya era de preveer, pero lo que en mapa aparecía marcado como carretera nacional no era más que una comarcal en más o menos buen estado. Empezamos a ver lo que ya conocía de otros países : niños saludando a nuestro paso, miradas de curiosidad y simpatía, ofertas de ayuda al parar... Lo que nos llamó enseguida la atención es que incluso la policía nos saludaba y facilitaba el paso. Está claro de que hay instrucciones claras sobre cómo tratar a los turistas. Ojalá tomasen nota en otros países.


No puede faltar un niño tomándonos fotos


Venta de tajines en la carretera. En breve los conoceríamos a fondo.

La primera parada para comer del viaje fue auténtica. Fue en un bar aislado en la carretera, cuyos únicos clientes éramos nosotros. Como que el dueño del bar y yo no nos entendíamos en ningún idioma, me invitó a pasar a la cocina para mostrarme lo que estaba preparando para comer. Fue levantando las tapas de tres ollas para mostrarme lo que estaba cocinando y, por supuesto, le di mi OK a todo. Si esa era la comida que estaba preparando para él, debía ser estupenda. Y así fue : deliciosa.





 Con fuerzas renovadas, seguimos la ruta disfrutando de los paisajes del Atlas y de las situaciones curiosas que te encuentras mires donde mires.







La llegada a Sefrou se nos complicó más de lo esperado. En algún momento nos pasamos un desvío que debía bordear Fes (siempre hay que evitar las grandes ciudades), pero no lo vimos o bien no estaba señalizado (cosa bastante probable). Por tanto nos metimos de lleno en Fes justo antes de anochecer, cuando la actividad humana es más frenética, pasando 45 minutos dentro del tráfico más caótico que he visto en mi vida, con atasco de gente, burros, petits-taxis... un estrés. Por fin conseguimos salir y llegamos a Sefrou ya con total oscuridad (Recordad, niños : jamás conduzcáis de noche en Marruecos).

Mientras andábamos arriba y abajo con las motos por Sefrou buscando donde dormir, tuvimos la enorme suerte de conocer a Said, un bereber de pura cepa que nos ofreció su hospitalidad y compañía durante la tarde y parte de la noche. Con él visitamos el único establecimiento del pueblo donde se servía cerveza (y una cena exquisita), nos llevó a un pequeño hotel donde íbamos a dormir y nos acompañó de noche por la medina. Gracias a este paseo pudimos ver el ambiente que muy pocos extranjeros tienen la suerte de conocer : el cierre del zoco y el despertar de la vida nocturna de un pueblo del Atlas. Es increíble el ambiente lleno de vida que se respira a cualquier hora por las callejuelas, y la amabilidad de la gente con la que nos cruzamos. Ah! Y fantástico el primer té de menta del viaje, tanto por la frescura de la menta (Said hizo una escapada a la medina para traerla expresamente) como por la compañía y la tertulia.


Pau congeniando con la población local


Completamente estresados y a punto de morir de hambre


Nuestro nuevo amigo Said


De paseo por la medina de Sefrou


Día 3- El primer objetivo

02/10/2009

El hotel estaba situado pegado a una mezquita, lo que nos despertó la llamada a la oración de las 4:45. Después de cargar de nuevo las motos y abonar la cuenta nos paramos a desayunar en un pequeño bar del mismo Erfoud.







Enfilamos carretera en dirección Boulemane. Y lo llamamos carretera por decir algo. Aquí ya había zonas muy delicadas, con socavones king size, tramos de tierra y piedras, etc. Por esa ruta puedes circular alegremente a 90-100 y de repente el asfalto desaparece y te encuentas con 50 metros de camino de cabras, por lo que teníamos que estar en alerta constante y con la vista a lo lejos. Por otro lado el paisaje es alucinante, con llanuras extensísimas y las montañas del Atlas al fondo.





Según nos explicó Said, los horarios de las escuelas no son tan amplios como aquí. Allí las clases duran unas dos o tres horas, de forma que una pequeña escuela pueda dar clases a varios grupos de niños a lo largo del día. Por eso es común encontrarte niños con la mochila arriba y abajo a cualquier hora. En esta pequeña escuela aislada en medio del Atlas se formó un buen alboroto cuando llegamos. Los niños y niñas, super educados y llenos de curiosidad y simpatía:




Parada para abrigarnos. La rasca era importante.






Lavando en el río


Carretera? Lo cualo?


La foto típica. Que no se diga.


Pues este camión iba poco cargado. Impresionante la habilidad que tienen para aprovechar los viajes.















Nos paramos a comer en un albergue pasado Rich. Aquí probamos por primera vez una ensalada con "género" de la tierra y nos encantó. Las hortalizas de Marruecos tienen un sabor que aquí se perdió hace muchos años, sobre todo el tomate. También comimos un excelente tajín de pollo, y -al igual que las ensaladas- no iba a ser el último.








Detalle en la presa de Hassan Ad-Dakhil




Primeros palmerales en el Valle del ZIZ


... y las primeras dunas!



La puerta de Rissani


Una vez pasado Rissani empieza lo bueno. Hasta ese momento nos había acompañado en mayor o menor medida el verdor del Valle del Ziz; desde la salida del pueblo en dirección a Merzouga ya entras de lleno en el desierto, en un mundo completamente nuevo e impresionante por lo brusco de su aparición y por su extensión.

La carretera hasta Merzouga la hicimos a una velocidad manifiestamente superior a la aconsejable, pero el tiempo se nos echaba encima. Sabíamos que para llegar al albergue del Alí el Cojo teníamos que coger una pista en algún punto y se nos iba a complicar la cosa si nos pillaba la noche. En ruta hacia Merzouga el paisaje era asombroso : el sol se ponía por el Oeste de forma espectacular; ese mismo sol iluminaba, en el Este, las rosadas dunas de Erg-Chebbi dándoles una tonalidad rojiza mientras la luna llena tomaba el relevo en el cielo.





Después de unos kilómetros por pista bien señalizada llegamos al albergue y, por tanto, al desierto negro y a escasos cien metros de las dunas. Para mí esa llegada significó mucho. Era una meta que me había marcado hace casi 20 años y, por uno u otro motivo, se había ido retrasando hasta hora. Y valió la pena: es imposible que mi primera visión de las dunas de Erg-Chebbi hubiese sido más espectacular, teñidas de ocre por los últimos rayos del sol mientras sobre la Gran Duna se levantaba una luna llena perfecta. Hay dos momentos de mis viajes en moto que recordaré siempre. Este es uno de ellos.



El recibimiento en el Albergue de Alí el Cojo no podía ser mejor. En media horita ya estábamos alojados en una cómoda habitación, recuperamos líquidos (no cerveza, sorry) y nos dispusimos a devorar una merecida cena en la terraza, bajo las estrellas y con la visión de las dunas bañadas por la luz de la luna. Después de cenar disfrutamos de una sesión de música bereber mientras estábamos desparramados sobre unos cojines.




No está mal el chiringuito, eh?


De noche cerrada, bajo la luz de la luna llena



En el próximo capítulo...

Y en el próximo capítulo : cómo caer sobre la arena con elegancia (partes 1 y 2), cómo sobrevivir a temperaturas que freirían un huevo (o los dos) y por qué el pueblo beréber es del Barça.